Estos son los festivales a los que debes ir por lo menos una vez en tu vida
Redacción Mochileando
Viajar también es entender cómo celebra el mundo. Existen festivales que trascienden el entretenimiento y se convierten en expresiones profundas de identidad cultural, historia y creatividad colectiva.
Algunos paralizan ciudades enteras, otros convocan a millones de personas y varios han marcado generaciones. Estos son siete festivales imprescindibles que, al menos una vez en la vida, todo viajero debería experimentar.
El Carnaval de Río de Janeiro, celebrado cada año entre febrero y marzo, es uno de los espectáculos culturales más grandes del planeta. Durante varios días, Río se transforma en una fiesta continua donde las escuelas de samba compiten en el Sambódromo con desfiles cuidadosamente coreografiados, vestuarios monumentales y música en vivo. Más allá del desfile oficial, la ciudad se llena de blocos callejeros gratuitos que recorren distintos barrios. Es una celebración profundamente ligada a la historia afrobrasileña y a la identidad nacional del país.
En Puerto Rico, las Fiestas de la Calle San Sebastián marcan el cierre de la Navidad más larga del mundo. Se celebran en enero, en el Viejo San Juan, y reúnen música en vivo, comparsas, artesanía local y gastronomía típica. Lo que comenzó como una actividad religiosa en honor a San Sebastián se convirtió en uno de los eventos culturales más importantes del Caribe. Durante cuatro días, las calles adoquinadas se llenan de residentes, visitantes y artistas, en una mezcla única de tradición y celebración popular.
El Oktoberfest de Múnich, en Alemania, es el festival cervecero más grande del mundo. Se celebra entre septiembre y octubre y atrae a millones de visitantes que acuden a sus enormes carpas para disfrutar cervezas elaboradas exclusivamente para el evento, comida bávara tradicional y música folclórica. Aunque suele asociarse al consumo de cerveza, el Oktoberfest es también una celebración de la cultura regional, con desfiles, trajes típicos y eventos familiares durante el día.
En la India, el Holi es una de las festividades más visuales y simbólicas del planeta. Se celebra entre febrero y marzo para dar la bienvenida a la primavera y simboliza la victoria del bien sobre el mal. Durante Holi, las personas lanzan polvos de colores, bailan en las calles y comparten alimentos tradicionales. Es un evento profundamente espiritual, pero también social, donde se rompen barreras de edad, género y estatus social.
La Tomatina, en Buñol, España, es una de las fiestas más singulares del mundo. Cada agosto, miles de personas participan en una gigantesca batalla de tomates que dura aproximadamente una hora. Aunque parece un evento espontáneo, está cuidadosamente organizado y regulado para garantizar seguridad y control de asistencia. La Tomatina es un ejemplo de cómo una tradición local puede convertirse en un fenómeno turístico global.
En Estados Unidos, el Mardi Gras de Nueva Orleans es una explosión de música, desfiles y tradiciones criollas. Se celebra en las semanas previas al Miércoles de Ceniza y tiene profundas raíces francesas y afroamericanas. Las carrozas, los collares de cuentas y las krewes que organizan los desfiles forman parte de un sistema cultural que se transmite de generación en generación y define la identidad de la ciudad.
Finalmente, el Glastonbury Festival, en Inglaterra, es uno de los festivales de música y artes escénicas más influyentes del mundo. Se celebra en verano y combina conciertos de artistas globales con teatro, arte contemporáneo y activismo social. Más que un evento musical, Glastonbury es una experiencia cultural que refleja cambios sociales, tendencias artísticas y movimientos contemporáneos.