Guía de Fez, Marruecos
Redacción Mochileando
Fez es una de las ciudades más antiguas y culturalmente intactas del norte de África. Considerada el corazón espiritual e intelectual de Marruecos, esta ciudad ofrece una experiencia profundamente auténtica que combina historia viva, arquitectura medieval y tradiciones que se mantienen prácticamente intactas desde hace siglos.
A diferencia de otros destinos marroquíes más orientados al turismo moderno, Fez exige tiempo, curiosidad y respeto por su ritmo propio.
La ciudad se divide en tres zonas principales. Fez el-Bali es la más antigua y el verdadero núcleo histórico. Fundada en el siglo IX, alberga la medina medieval más grande y mejor conservada del mundo islámico, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Aquí no circulan automóviles y sus más de 9,000 callejones forman un entramado complejo donde se mezclan talleres artesanales, mezquitas, escuelas coránicas y mercados tradicionales. Fez el-Jdid, construida en el siglo XIII, fue sede del poder real y del barrio judío o mellah. Ville Nouvelle, desarrollada durante el protectorado francés, concentra hoteles modernos, restaurantes y avenidas amplias.
Uno de los principales símbolos de Fez es la Universidad de Al Qarawiyyin, fundada en el año 859 y reconocida como la universidad en funcionamiento continuo más antigua del mundo. Aunque su interior no está abierto al público general, su mezquita y patios exteriores reflejan la importancia histórica de Fez como centro de conocimiento islámico, ciencia y filosofía. Muy cerca se encuentran varias madrazas históricas como Bou Inania y Al Attarine, que sí permiten visitas y destacan por su decoración en madera tallada, estuco y mosaicos zellige.
Las curtidurías de Fez, especialmente la Chouara Tannery, son uno de los lugares más visitados y fotografiados de la ciudad. En funcionamiento desde hace casi mil años, este espacio muestra el proceso tradicional de curtido del cuero utilizando tintes naturales. La vista desde las terrazas cercanas permite apreciar el método artesanal, aunque el olor es intenso y forma parte inevitable de la experiencia. El cuero producido aquí se utiliza para bolsos, babuchas y artículos que se venden en los zocos cercanos.
La entrada más emblemática a la medina es Bab Bou Jeloud, una puerta monumental decorada con azulejos azules y verdes que marca el acceso principal a Fez el-Bali. Desde allí parten algunas de las rutas más transitadas hacia mezquitas, mercados y plazas interiores. Los zocos de Fez se organizan por gremios, una estructura medieval que aún se mantiene. Cada zona se especializa en un oficio específico, como cerámica, metal, textiles, especias o madera.
La gastronomía de Fez es considerada una de las más refinadas de Marruecos. Aquí se originaron platos tradicionales como la pastela, un hojaldre relleno de carne especiada y almendras, y versiones complejas del tajín. Comer en Fez implica sentarse con calma y entender la comida como parte de la herencia cultural. Existen restaurantes tradicionales dentro de riads históricos y pequeños locales frecuentados por residentes donde la comida es sencilla, auténtica y económica.
En cuanto al alojamiento, Fez es famosa por sus riads, antiguas casas tradicionales restauradas y convertidas en hospedajes. Dormir en uno de ellos permite experimentar la arquitectura local con patios interiores, fuentes y mosaicos. La Ville Nouvelle, por su parte, ofrece hoteles de cadenas internacionales y servicios más contemporáneos, ideales para quienes buscan mayor comodidad o estancias más cortas.
El clima de Fez es extremo en comparación con otras ciudades marroquíes. Los veranos son muy calurosos, con temperaturas que pueden superar los 40 grados Celsius, mientras que los inviernos son frescos, especialmente por las noches. Las mejores épocas para visitar son primavera y otoño, cuando el clima es más estable y permite recorrer la medina a pie con mayor comodidad.
Moverse dentro de la medina requiere orientación y paciencia. Contratar un guía oficial es altamente recomendable, especialmente en una primera visita, no solo para evitar perderse, sino para comprender el valor histórico y cultural de los espacios. Fez cuenta con conexiones ferroviarias directas con Rabat, Casablanca y Tánger, y su aeropuerto internacional facilita la llegada desde otras ciudades marroquíes y Europa.